Tarjetas de Crédito: ¿Armas de dobles filo en Centroamérica?

13 junio, 2017
in Category: Finanzas
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Tarjetas de Crédito: ¿Armas de dobles filo en Centroamérica?

Tarjetas de Crédito: ¿Armas de dobles filo en Centroamérica?

Los plásticos brindan la alternativa de solucionar un problema a corto plazo de pago, pero no es tan sencillo como parece

Por Daniel Suchar

Para el año 1914, la empresa Western Union crea la facilidad de darle un trato preferencial a sus mejores clientes, acceso a líneas de crédito y ubicarlos en un grupo selecto de personas; a través de la emisión de una especie de tarjeta de cliente frecuente. Después, otras compañías realizan la misma estrategia comercial, que solo tenían validez dentro de sus establecimientos. Pero no es hasta el año 1949, cuando se convierte a través de cierta masificación, lo que hoy en día se conoce como la herramienta más bondadosa (o peligrosa) del mundo: Las tarjetas de crédito.

El acceso de este tipo de “plástico”, como se le conoce vulgarmente a las tarjetas de crédito; es mucho más fácil que lo que existía hace unos 20 o 30 años. Los grandes emisores como Visa, Master Card, American Express o inclusive la prestigiosa Diner’s Club, han acaparado el mercado de este tipo de mecanismo para que los ciudadanos aprovechen sus consumos sin necesidad de mantener dinero en efectivo consigo.

Los plásticos brindan la alternativa de solucionar un problema a corto plazo de pago, evitando dejar de consumir el bien o el servicio en un momento especifico del tiempo. También, estos pagos pueden ser programados para ser cancelados en cuotas parciales y/o totales en un lapso de tiempo determinado.

Por otro lado, existe la opción de realizar avances de efectivo. Lo que quiere decir, que el individuo puede optar a retirar dinero corriente (billetes) en cualquier cajero automático que se encuentre en sus cercanías. De hecho, es también muy seguro andas tarjetas pues al no poseer ese efectivo en la billeteras, es una “amuleto de suerte” para evitar que los antisociales se acerquen a robar dicho dinero. Con las tarjetas, Se convierte en una herramienta “segura”.

A su vez, tener la opción de pagar en un lapso determinado, directamente impacta de forma positiva en los depósitos que se tengan en cuentas de ahorro, pues tendrán un periodo más para su capitalización o incremento de capital.

Las compras por internet es una moda hoy en día. Realizar adquisiciones de bienes y/o servicios a través de la red es parte de la vida cotidiana y solo se puede realizar a través de las tarjetas de crédito. Y no solo eso, si no que las mejores ofertas se consiguen en la Web, más que en lugares físicos (tiendas o almacenes).

Y por último, cada tipo de Tarjeta de Crédito ofrece a sus clientes una infinidad de beneficios propios del emisor del plástico. Devoluciones de dinero, Seguros Médicos, Transporte a aeropuertos, extra-financiamiento, servicio de reemplazo en menos de 24 horas, acceso a salones VIP’s, descuentos en restaurantes. En fin, una gran cantidad de beneficios que atraen al tarjetahabiente a consumirá través de este instrumento.

Pero no todo es tan sencillo y fácil como parece. En la región de Centroamérica, existen unos de los intereses más altos de la región de Latinoamérica, que se pueden convertir en una “soga al cuello” si la educación financiera de los individuos no está a tope con las exigencias del conocimiento del uso de esta herramienta.

En Costa Rica y Nicaragua, se consiguen tasas de interés por el orden de 40-50%. En El Salvador, se pueden obtener plásticos con penalizaciones un poco más bajas, entre 12-40% mientras que en Panamá, las tarjetas pueden oscilar entre un 9% a un 25%. Pero en Guatemala y Honduras, el orden de estos intereses supera los 55%. Tanto es así, que en Honduras se llegan a conseguir niveles del 66% hasta 72%, explicando la situación tan incómoda que se muestra hoy en día en el Congreso catracho, pues el presidente Juan Orlando Hernández está pidiendo una movilización legislativa para disminuir esos porcentajes tan abrumadores.

Y es que tener una mala educación financiera, una errada disciplina económica y un deseo de obtener bienes y servicios por “gusto o gula”, sin medir sus consecuencias; llevan a una depresión del individuo pues no podrá hacer frente a sus intereses de penalización por no pagar.

Las personas creen que al tener un plástico y poseer todos los beneficios anteriormente mencionados, pueden girar compras a diestra y siniestra; sin saber que la herramienta en realidad lo que sirve es para ayudar a no poseer efectivo en un momento determinado. No se puede ver el uso de las tarjetas como un salvavidas perenne en el tiempo.

No realizar los pagos debidamente fijados por los emisores también acarrea problemas en todo el entorno financiero. Si un banco presta dinero a través de sus tarjetas de crédito, y no recibe sus pagos puntualmente al final del período, se genera un vacio en las arcas de dicho ente bancario.

Por lo tanto, tampoco tendrá mayor flujo para poder prestar nuevamente a otros usuarios. Por lo tanto, el riesgo que poseen los bancos al otorgar estos préstamos “de corto plazo” (30 o 40 días) es muy alto (al no recibir sus pagos puntualmente), siendo esta la justificación que las tasas de morosidad que se presentan en Centroamérica son bastante altas si se comparan con México (52%), Chile (49%), Argentina (48%), Bolivia (30%) y Colombia (28%), donde son un poco más accesibles.

Dentro de la educación financiera, debe prevalecer el amor hacia la persona misma. En todos los países de la región, existen los listados de las ciudadanos que caen en problemas de pagos y a la hora de solicitar préstamos, transacciones y/o necesidades bancarias y no bancarias (almacenes de línea blanca por ejemplo), el nombre del tarjetahabiente queda “manchado” sin posibilidades de disfrutar una nueva adquisición, pues su “historial está salpicado”.

En ciertas personas ocurre la enfermedad de la oniomanía. Esta se define como compras impulsivas, cuyo síntoma es el deseo desenfrenado de adquirir o comprar sin ninguna necesidad real, usualmente en personas que padecen trastornos del estado de ánimo. Por eso, es que debe tenerse mucho cuidado a la hora de “caer en la trampa” de solicitar o aceptar una o más tarjetas de crédito, creyendo que es la salvación de sus problemas cuando por el contrario, es un arma de doble filo tanto para la región como para el individuo.

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