Empresa busca guapos
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Las personas más atractivas logran mejores empleos y salarios, según varias investigaciones. Probar la discriminación es casi imposible.
En Estados Unidos proliferan los estudios que muestran cómo las personas con mayor atractivo físico suelen —siempre basándose en medias y estadísticas— tener mejores empleos y sueldos que los menos agraciados. Visto desde el polo inverso, significa que un mal físico penaliza a las personas en el mercado laboral, es un elemento de discriminación, otra patada a la meritocracia. Pero si es difícil de demostrar o cuantificar la discriminación por raza o sexo, más escurridiza resulta con relación al aspecto. El físico preocupa.
El economista Daniel Hamermesh, de la Universidad de Texas, lleva desde los años 90 realizando estudios sobre el impacto económico de la belleza, si a los guapos les va mejor en el trabajo, se emparejan con personas más pudientes o, por ejemplo, tienen más facilidades para obtener créditos. Son varios los investigadores estadounidenses que han prestado atención a este asunto. “No definimos la belleza en estos estudios, sino que la gente expresa su opinión sobre la belleza de otros y lo crucial aquí es que el consenso es muy amplio: la belleza es subjetiva, pero la gente tiene visiones muy similares sobre quién es atractivo y quién no”, responde el profesor desde Estados Unidos. En su obra Beauty pays: why attractive people are more succesful (La belleza paga: por qué la gente atractiva tiene más éxito) calcula que un trabajador guapo en Estados Unidos ganará a lo largo de su carrera alrededor de US$150.000 más que otro con las mismas características, pero un aspecto más insípido.
En otro de sus trabajos que analiza la relación entre belleza y mercado de trabajo, toma las encuestas laborales y de calidad de vida estadounidenses de los años setenta, que establecían que el 9% de los hombres considerados por debajo de la media en atractivo ganaban por hora, como promedio, entre un 7% y un 9% menos que el resto, mientras que el 33% considerados más atractivos tenía un plus del 5%. Es decir, que la mala apariencia penaliza más de lo que gratifica el buen físico.
El matrimonio también puede analizarse como una suerte de mercado, según Hamermesh, aunque nadie compre ni venda maridos y mujeres en los países desarrollados, porque los atributos que uno aporta a esa unión afectan a los beneficios que puede obtener, entre estos, una pareja con mejores ingresos. El profesor también apunta a una encuesta estadounidense en la que había más gente que declaraba haberse sentido discriminada alguna vez por su aspecto que por motivos raciales o étnicos.
“Imprescindible buena presencia”. Es uno de esos requisitos que no sorprende encontrar en una oferta de trabajo en España, como quien reclama experiencia laboral o un título académico, y que es muy diversamente interpretable: se puede deducir que la compañía reclama unas condiciones de higiene y corrección en el vestir, algo que también se podría dar por hecho, o se puede inferir algo distinto, que se prefiere a personas con una bonita imagen.
“La expresión buena presencia no es discriminatoria, porque no busca unas medidas 90-60-90, sino unos requisitos de higiene indispensables, o de corrección a la hora de vestir: no es lo mismo optar a un puesto de abogado en un bufete que de técnico informático. El aspecto es fundamental y cuando se especifica no es discriminatorio, sino que no hay que dar nada por entendido”, arguye Belén Dávila, responsable regional de Recursos Humanos en Randstat.
Pero hay también argumentos a favor de premiar la belleza, vinculándolo con la productividad. Si se toma como ejemplo un deportista de élite, que tiene peores resultados que otro pero resulta mucho más mediático y permite a su club vender muchas más camisetas y entradas para los partidos, ¿no tiene sentido que le paguen más aunque juegue peor porque genera más beneficios a su empresa? De la misma forma, si un comercial es más atractivo y logra seducir a más clientes, ¿no será más productivo para su compañía que otro más feo? ¿Ayuda a llenar un bar un plantel de camareros y camareras de belleza criminal? ¿Es esto discriminación?
Tiene muy clara la respuesta Deborah Rhode, profesora de Derecho y Ética de la Universidad de Stanford: “Argumentos similares se utilizaron también en EE UU sobre por qué los empleadores no tendrían que contratar a personas de minorías raciales o étnicas; los clientes preferían ser servidos por gente de su misma raza. Los tribunales sostuvieron que esto no era una defensa válida contra las quejas por discriminación, sino que esto perpetuaría los sesgos que la ley antidiscriminación trataba de contrarrestar. Esto mismo debería valer para la discriminación basada en el aspecto físico, excepto cuando es esencial para el puesto de trabajo (actores o modelos)”, contesta por escrito la autora de The beauty bias: the injustice of appearance in life and law.
Hamermesh admite que esta “es una cuestión muy difícil”. “En un sentido ningún empresario está discriminando porque todo lo que busca es contratar a personas que le ayudarán a aumentar sus beneficios, pero en otro sentido más amplio este mismo empresario se está lucrando de las actitudes discriminatorias de sus clientes y de la sociedad —su preferencia de tratar con personas más guapas—, así que sí sería discriminación”.
¿Importa el físico del personal que se ficha en ciertos establecimientos como las tiendas de ropa juvenil o los bares? ¿Hay discriminación por el aspecto en los procesos de selección de personal? Esta es una de esas cuestiones gaseosas, imposibles de mostrar o demostrar, que se mueven en el ámbito de las sensaciones. Aunque hubo un caso sonado, en 2002, cuando se hallaron en un contenedor de basura notas vejatorias y xenófobas sobre unas 250 solicitudes de empleo a la cadena de supermercados española: “No, por gitana o fea”; “No, macarra, chupa de cuero” o “Extranjero, gordo, morenete, parece Pancho Villa” eran algunas de las anotaciones sobre los currículos de los candidatos, que la empresa atribuyó exclusivamente a un exempleado y que rechazaron.
¿La tiranía de la estética es peor para los hombres o para las mujeres? Rhode cree que ellas salen peor paradas. “Los estándares de apariencia son más exigentes y las penalidades por no alcanzarlos son mayores. En algunas medidas, como el gasto en productos cosméticos o desórdenes alimenticios, la situación ha empeorado por la persistencia de imágenes en los medios de atractivas mujeres, retocadas y de bajo peso que crean estándares de belleza poco realistas y poco saludables”, argumenta. Sin embargo, Hamermesh sostiene que, aunque “la gente parece ser más consciente de esto entre las mujeres que entre los hombres”, el hecho es que “las investigaciones muestran que los efectos de la buena apariencia —o la mala— es al menos tan grande para hombres como para mujeres”.
El doctor Carlos Liébana, presidente de la Sociedad Catalana de Cirugía Plástica y Reparadora (SCCPRE), explica que la mayoría de los pacientes que acuden a la consulta destacando el ámbito laboral como un motivo importante eran mujeres de entre 40 y 55 años y que ha cambiado el perfil profesional de estas personas: “Antes eran pacientes de puestos muy altos y vinculados con lo público, como los artistas, pero ahora hay más directivos y cargos medios conscientes de que el aspecto es una variable a tener en cuenta”. “Muchos de ellos”, continúa Liébana, “se sienten en plenitud física y quieren que la imagen exterior les acompañe, porque buscan un nuevo empleo o porque creen que esto les va a beneficiar dentro de su empresa”.
No es solo una cuestión sobre los cañones de la oficina. El físico influye también en política y en los candidatos electorales. Hamermesh también estudió las elecciones a la American Economic Association entre 1966 y 2004, en las que unos 4.000 economistas escogen a cuatro miembros cada dos años, y concluyó que la mitad más agraciada de los 312 candidatos presentados tenía un mayor margen de éxito que la otra mitad, 0,548 frente a 0,452 (con un margen de error de 0,040).
Deborah Rhode no tiene dudas de los problemas por la apariencia física. En su libro sobre el sesgo de la belleza es rotunda: “El estigma es particularmente grave para las personas con sobrepeso, cuya condición se atribuye a menudo a la pereza o la autoindulgencia. En múltiples sondeos, casi el 90% de los obesos aseguran haber recibido comentarios humillantes de familia, amigos o compañeros de trabajo. Y casi la misma proporción de antiguos obesos prefieren perder la visión a volver a engordar”.
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