Fitch: Administración de trump plantea riesgos para soberanos a nivel global

13 febrero, 2017
in Category: Economía
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Fitch: Administración de trump plantea riesgos para soberanos a nivel global

Fitch: Administración de trump plantea riesgos para soberanos a nivel global

Aspectos de la agenda económica del Presidente Trump resultarían positivos para el crecimiento económico

Por Revista Summa

La administración de Trump representa un riesgo para las condiciones económicas a nivel internacional y los fundamentos crediticios de los soberanos a nivel global, según Fitch Ratings. La previsibilidad de las políticas de Estados Unidos (EE. UU.) ha disminuido, considerando que la nueva administración se ha apartado de los canales de comunicación internacional establecidos y las normas de relaciones internacionales, aunado a la posibilidad de cambios repentinos e imprevistos en las políticas de EE. UU. con repercusiones potenciales a nivel global.

Los riesgos principales para las deudas soberanas incluyen la posibilidad de cambios negativos en las relaciones comerciales, menores flujos internacionales de capital, límites migratorios que afecten las remesas, así como confrontaciones entre autoridades de gobierno que contribuyan a intensificar o prolongar la volatilidad de los mercados de divisas y financieros. La materialización de estos riesgos generaría un contexto desfavorable para el desarrollo económico, presionando las finanzas públicas con posibles implicaciones crediticias para algunos soberanos. Aumentos en el costo de financiamiento externo o reducciones en su disponibilidad, en particular a la par de una depreciación monetaria, también podrían afectar las clasificaciones.

Al examinar las implicaciones crediticias para los soberanos, derivadas de las políticas adoptadas por la nueva administración de EE. UU., Fitch se enfocará en los cambios en las trayectorias de crecimiento, las situaciones en las finanzas públicas y los desempeños en las balanzas de pagos. Esto lo hará poniendo atención especial en los prospectos a mediano plazo de exportaciones, así como en las posibles presiones sobre la liquidez externa y el financiamiento sostenible. Las posturas de EE.UU. respecto a algunos países podrían cambiar rápidamente, al menos de manera inicial, pero cualquier ajuste potencial de clasificación dependerá de los cambios consecuentes en los fundamentos crediticios de los soberanos que, casi con certeza, se materializarán más despacio.

Aspectos de la agenda económica del Presidente Trump resultarían positivos para el crecimiento económico, incluyendo el estímulo pendiente de la inversión para infraestructura, el enfoque en la reducción de la carga regulatoria y la posibilidad de recortes de impuestos y reformas tributarias, asumiendo que dichos recortes no conducen a aumentos proporcionales en el déficit del gobierno y la deuda pública. Una interpretación de la situación actual es que, después de una primera serie de cambios disruptivos para una reorientación fundamental del propósito y dirección de las políticas, la administración de Trump se asentará adoptando un marco consistente en favor del comercio y negocios, el cual impulsará estos aspectos de su programa económico, permitiendo efectos favorables en el contexto internacional. A consideración de Fitch, el balance actual de riesgos apunta hacia un resultado global menos benigno. La administración de Trump ha abandonado el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, confirmado una renegociación pendiente del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y reprendido a empresas estadounidenses que invierten en el extranjero amenazándolas con sanciones económicas. Además, ha acusado a varios países de manipular las tasas de cambio para desventaja de EE. UU. El impacto de estas iniciativas no se apreciará por algún tiempo y dependerá de intercambios reiterados entre diversas partes y acontecimientos adicionales inesperados. En resumen, hay mucho que puede cambiar, pero el tono agresivo del discurso de la nueva administración no presagia un período fácil de negociación por delante ni sugiere que exista un margen amplio para lograr acuerdos.

Los soberanos más expuestos a cambios adversos en sus fundamentos crediticios son aquellos con relaciones económicas y financieras estrechas con EE. UU., las cuales son objeto de escrutinio ya sea por desequilibrios financieros o por la percepción de marcos o prácticas injustas que rigen sus relaciones bilaterales. Canadá, China, Alemania, Japón y México han sido identificados de forma explícita por la nueva administración por tener acuerdos comerciales o políticas cambiarias que requieren de atención, aunque la lista probablemente sea mayor. La revisión de Fitch de la Perspectiva de la clasificación soberana de México ‘BBB+’ a Negativa en diciembre de 2016 reflejó en parte la incertidumbre económica creciente y la volatilidad de los precios de los activos tras la elección presidencial de EE. UU.

Los aspectos integrales en las cadenas de suministro globales, en particular en productos manufacturados, reflejan que las acciones tomadas por EE. UU. que limitan el flujo comercial con un país tendrán efectos en cascada sobre otros países. Las cadenas de valor regionales están especialmente bien desarrolladas en el este de Asia, enfocadas en China, así como en Europa central, centradas en Alemania.

Los controles de inmigración más estrictos y las posibles deportaciones podrían tener efectos significativos en el flujo de las remesas, dado que EE. UU. tiene la población inmigrante más extensa del mundo.

Según datos del Banco Mundial, EE. UU. y México comparten la principal ruta migratoria en el mundo y tienen los mayores flujos de remesas bilaterales. En relación con el producto interno bruto, las remesas son aún mayores para Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, todos los cuales reciben de EE. UU. la mayoría de sus ingresos. Los países que reciben inversión directa de EE. UU., al menos parte de la que ha financiado industrias de exportación enfocadas hacia dicho país, están en riesgo de ser sujetos a medidas comerciales punitivas.

La lista de estos países probablemente sea larga, dado que las entidades con sede en EE. UU. contribuyen con casi una cuarta parte de la inversión extranjera directa a nivel global. Los países con más inversión estadounidense en manufactura son Canadá, Reino Unido, Holanda, México, Alemania, China y Brasil.

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