Facebook icon logo Twitter icon logo Google+ icon logo YouTube icon logo LinkedIn icon logo RSS icon logo

Suscríbase al Newsletter

X El consumidor y sus marcas

¿Cómo piensan los líderes exitosos?

Reciba gratis en su correo este artículo de Harvard Business Review al suscribirse a nuestro newsletter diario.

Invenciones para el mundo

Investigación médica en Costa Rica

Summa Inputs

Fuente: Daniel Chacón, redactor Lunes, 11 de Junio de 2012 00:19

En un laboratorio de Costa Rica, un médico y un inventor desarrollan productos que prometen solucionar gran parte de las necesidades globales de salud.


La salud siempre es un asunto prioritario y en este ámbito se suele pensar que las soluciones vendrán del primer mundo; pero en este caso las respuestas médicas a problemas comunes provienen de un país pequeño.

Dos costarricenses crearon el Citofem, una solución mucho más eficiente que el Papanicolaou y a un costo menor. Esta invención permite que personas con menores ingresos puedan acceder a estas pruebas de laboratorio y prevenir enfermedades como el cáncer de cérvix.

A diferencia del Papanicolaou tradicional, esta solución detecta con mayor antelación la posibilidad de cáncer de cérvix, es menos invasivo y los resultados son más rápidos y completos.

La historia de Citofem data de finales de la década de los 90. Detrás de este descubrimiento están Roy Mora y Juan Valdés. El primero es médico con vasta experiencia en citologías y trabajo en biomedicina. Por otro lado, Mora describe a Valdés como uno de los mejores inventores del país, experto en registro de patentes, registros sanitarios e industrialización de nuevos productos. Por ejemplo, Juan trabajó una solución para contrarrestar la alergia que las personas desarrollan al látex. Patentó esta solución para el empresario Robin Wiscovitch, quien ayudó para introducir el producto en Taiwán.

Estos dos productos marcaron la base de trabajo que unió en 2001 a Mora y Valdés, quienes junto a Wiscovitch crearon en 2007 Biotd, empresa biomédica costarricense valorada en US$15 millones a finales del año pasado. En 2011 ganaron el primer lugar en el concurso cr Innova y el tercer lugar en la feria gubernamental Estrategia Siglo XXI. En mayo de este año obtuvieron la medalla de plata en el Mundial de Invenciones realizado en Ginebra (Suiza).

De momento, trabajan solo bajo contrato y proyectan ventas por us$10 millones al finalizar el año, gracias a su consolidación en el mercado regional y la incursión a Estados Unidos a partir del segundo semestre.

¿Cómo coincidieron ustedes en la idea de negocio?

Roy Mora (RM): Tenemos diez años de estar trabajando juntos varios proyectos, pero no los habíamos consolidado como investigación. Conocí a Juan porque tenía la idea del proyecto del Citofem, y Juan tenía la fama de inventor. De esa manera empezamos a trabajar juntos. Y además, Juan conocía a Robin, que nos enseñó a hacer empresa.

¿Quién es Robin Wiscovitch?

rm: Es experto en dispositivos médicos, ha trabajado con las compañías más grandes en Estados Unidos y es experto en normas FDA (Food and Drug Administration). Además inventó las pruebas rápidas de azúcar. Con este producto fundó una empresa que se llamaba Honda Diagnostics, empresa médica que llegó a ser destacada por la revista Forbes hace varios años. Robin vendió la empresa en Nasdaq y el monto de la transacción fue de unos us$2.000 millones.

¿Cómo lo conocieron?

Juan Valdés (JV): Lo conozco desde hace muchos años, cuando me contactó a través de una amistad porque necesitaba desarrollar una solución contra la alergia que genera el látex en las personas. Había como doscientos grupos tratando de cambiarle la química al látex para evitar la alergia. En ese proceso, en lugar de cambiarlo, creamos una loción que evita que la proteína que genera la alergia ingrese a la piel. Desde ese proyecto nos conocemos; después de eso se fue a Asia a levantar empresas.

¿Y el acercamiento con Biotd?

JV: Se retiró y se fue a vivir a Guanacaste (provincia de Costa Rica). Se dedicó al negocio de bienes raíces pero se aburrió; lo llamó nuevamente su vocación y creo que por eso se acercó a nosotros.

¿Qué pasaba con ustedes mientras Robin experimentaba en bienes raíces?

rm: Nosotros no teníamos capital para hacer nada, trabajamos con fondos propios desde 2003 hasta 2007. Entonces, montamos un laboratorio de servicios, y con la ganancia de los Papanicolaou capitalizábamos el proyecto. Generamos 60.000 estudios, de los cuales la mitad fue con Citofem y la otra con el procedimiento tradicional. Para esa fecha también tuve que aprender a hacer registros sanitarios, nos veían como un mito. Teníamos entre manos un producto innovador aunque estábamos sin plata.

¿Por qué no recurrieron a un crédito de pequeña empresa o capital de riesgo?

JV: Los bancos te piden poner en garantía tu casa, tu carro… y uno no está en posición de exponer a la familia a una situación de inestabilidad.

RM: Ha sido bien difícil montar una estructura, que inició absolutamente de la nada.

¿Cómo llevaron su descubrimiento al mercado?

RM: Dar valor a lo que teníamos y documentarlo. El Citofem era una solución conocida como algo anecdótico; para negociar nos pedían estudios y eso hicimos para entrar en el juego.

¿Qué dio vida a Biotd?

JV: Para 2009 ya habíamos compilado suficiente documentación y coincidió con que Robin vino a buscarnos. A partir de ese momento empezamos a constituirnos como empresa. Hicimos un plan de trabajo, él empezó a instruirnos en la manera de hacer negocio.

RM: Sinceramente, él hizo la estructura; tiene una formación militar muy estricta.

JV: Cuando hicimos la empresa era como estar en una academia militar y eso ha sido parte del éxito; el orden, la disciplina y seriedad fueron vitales.

¿Cómo reunieron el capital para la empresa?

RM: Seguíamos sin dinero; Robin es conocido en Estados Unidos y buscó ángeles inversionistas. Comentó a sus conocidos de los productos, las posibilidades y nos inscribimos como empresa. Recibimos capital semilla de 19 inversionistas y ese dinero lo invertimos para componentes, producir, costear el registro fda y para las patentes.

¿Cuán difícil fue abrir mercado?

RM: Mucho, pero gracias a nuestro trabajo fuimos la primera empresa centroamericana en obtener certificación de la fda; en Latinoamérica hay pocas. En 2010 logramos realizar ventas por us$20.000 entre farmacias pequeñas y laboratorios.

¿En qué momento comenzaron a trascender?

RM: En 2009 logramos el tercer lugar del concurso Estrategia Siglo XXI. Por esos mismos años apareció cr Innova, participamos para exponer a la compañía y lo que estábamos haciendo. Fuimos los ganadores y más que dinero lo que obtuvimos fue proyección y prestigio para respaldar nuestro trabajo. También nos abrió la puerta de los bancos, e incluso de la Bolsa Nacional de Valores.

¿Cómo se tradujo esa proyección en ventas?

RM: El Citofem fue haciéndose famoso y la gente empezó a comprarlo, hasta ser el más vendido en los laboratorios privados en Costa Rica.

JV: Esto en contraposición a lo que nos pasó en Estados Unidos, donde éramos como una partícula subatómica con respecto a las dos grandes multinacionales que dominan el mercado. Por eso, seguimos creyendo en el mercado local; tratamos de introducir el producto en la Caja Costarricense del Seguro Social, pero aún no lo hemos logrado.

¿Cómo ingresaron a Estados Unidos?

RM: Aunque fuimos aprobados desde un inicio por la fda, hubo muchas reservas. Al principio, la credibilidad de Robin ayudó a que nos prestaran atención. También nos ayudó la crisis, porque cambió la mente de los estadounidenses. El gobierno trataba de socializar la medicina y la tecnología en su sistema médico es cara. Ahí surgimos como opción, los empresarios nos prestaron más atención e incluso ya tenemos contratos firmados; nuestra primera entrega está fijada para julio entrante.

JV: El primer envío será por 150.000 unidades. Tenemos dos distribuidores y contratos firmados con órdenes de compra. Al principio, nuestro plan de negocio era entrar en Estados Unidos hasta el cuarto año, pero como nuestro mercado es tan pequeño decidimos ir de una vez aprovechando la divulgación e interés de ellos.

RM: Jamás esperamos una respuesta así de ellos. Los pedidos de acá a diciembre aumentan conforme pasan los meses, incluso existe una empresa muy seria interesada en comprar siete millones de unidades mensuales, pero aún estamos negociando.

¿Y hacia otras regiones?

JV: A finales de 2011 formalizamos con una compañía que nos va a representar en África, Oriente Medio, India y Asia. El mercado europeo lo exploraremos para ingresar en 2013.

¿Cómo han evolucionado las ventas?

RM: Pasamos de vender us$20.000 al cierre de 2010 a US$200.000 en ventas consolidadas para México, Centroamérica y parte de Latinoamérica durante 2011; periodo durante el cual entregamos unas 100.000 unidades. Para este año proyectamos cerrar ventas por US$10 millones.

Es un gran aumento de la demanda…

RM: Ya habíamos hecho un trabajo a escala de cómo debíamos pasar de la ciencia a la industria. Calculamos la capacidad productiva y podemos manejar las cantidades aumentando a tres turnos.

JV: También tenemos de socios a las empresas Zepol y Amsa, como los manufactureros. Además, está la opción de crecer hacia dos terrenos aledaños que están disponibles. Todo está planificado.

¿Cuál ha sido la mayor dificultad?

RM: El país no tiene buenas prácticas para el nicho de biotecnología. Al inicio, tuvimos casi que encadenarnos al Ministerio de Salud para que nos dieran la certificación de buenas prácticas y nos habilitaran la planta.

JV: Hemos hecho surco solos, nos tocó negociar y hablar para hacer esto aquí. Nos sucedió que a pesar de tener la certificación de la fda, el gobierno local duró más en darnos el permiso.

¿Ya asimilan el éxito?

JV: Estamos viendo los frutos como nunca nos imaginamos. Nuestra limitante era tanto el dinero como las proyecciones internacionales; no teníamos claro cómo teníamos que hacer el negocio. Robin nos cambió la mentalidad y nos mostró un mundo desconocido; he sido académico toda mi vida y hasta ahora recibo inversionistas de todas partes del mundo en nuestra planta.

RM: El valor de la compañía no es usual para una empresa tica. Nuestra meta es consolidar las ventas en veinte países; desde ya sabemos el valor que tendrá Biotd cuando logremos eso y en cuánto podría ser vendida.

¿Manejan la posibilidad de venta?

RM: Vemos el ejemplo de Robin; no sé si más bien seremos nosotros quienes tengamos la posibilidad de absorber a otras empresas en el mundo.

RM: Con Citofem tenemos lista una innovación que permitirá detectar el sexo fetal entre las semanas ocho y doce del embarazo, con una prueba citológica. Esto anticipa al ultrasonido, que lo logra hasta la semana 25. Ya está estructurado.

¿Existe un riesgo de ser copiados?

RM: Estamos empleando productos naturales costarricenses; entonces la materia prima solo se encuentra en el país. Nuestro negocio futuro será manufacturar, no comercializar. Lo que viene es buscar las cadenas para spb y Ross Ru, el Citofem ya tiene la plataforma para ser exitoso.

Nuevos productos en camino

Ross Ru: combate las infecciones en la piel y la resistencia a los antibióticos. La familia estará compuesta por tres tipos de producto. Entrará a Estados Unidos seis meses después que el Citofem.

SPB: combate la alergia al látex. Un 16% de las personas que usan látex desarrolla alergia y no existe producto que lo impida. A partir de esta invención, Biotd lanzará una emulsión que creará un guante invisible que incluso llegará a sustituir la necesidad de usar látex; porque tiene la capacidad de crear un microfilm con nanopartículas de plata.

Citofem: sumará a su familia un nuevo producto, que permitirá detectar con una prueba citológica el sexo fetal entre las semanas ocho y doce de embarazo. Anticipará al ultrasonido, que lo logra hasta la semana 25.

Fuente: Biotd

Detalle de imágenes
  • Investigación médica en Costa Rica
    Investigación médica en Costa Rica

    Summa Inputs


Noticias relacionadas