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¿Quién califica a las calificadoras de riesgo?

Bolsas financieras Fuente: Luis Diego Quirós, editor en jefe de corresponsalías Lunes, 08 de Agosto de 2011 13:48 (modificado)

Las tres calificadoras más importantes (S&P, Moody´s y Fitch) se han convertido en los actores fundamentales del desempeño económico de las países y empresas del globo. Sus calificaciones ponen a temblar los mercados internacionales.


Con sus malas calificaciones han sido señaladas muchas veces como los responsables de la crisis más grave desde la Gran Depresión. La rebaja anunciada por Standard & Poor's a la nota de la deuda estadounidense las vuelve a colocar en el centro del debate y de las críticas.

En el mundo existen cerca de ochenta calificadoras, pero las principales son Standard & Poor's (S&P), Moody's y Fitch, que dominan casi el 90% del mercado. De acuerdo con Arnoldo Camacho, profesor de INCAE Business School y doctor en Finanzas y Desarrollo, las calificadoras de riesgo son empresas que emiten un criterio independiente sobre la solvencia financiera y el perfil de riesgo de un emisor.

“Para emitir sus calificaciones toman en cuenta aspectos como el nivel de endeudamiento, la calidad del flujo de caja, la capacidad de pago y la cobertura de las obligaciones financieras, así como la condición de la operación de la empresa y la sensibilidad a factores de riesgo del entorno o industria”, describe Camacho.

La opinión de las agencias es importante porque permite a los inversionistas mover su dinero en función del análisis de riesgo. Standard & Poor's (S&P) pone nota a la deuda soberana de unos 120 países. En este sentido, Gary Barquero, gerente general de la calificadora centroamericana SCRiesgo, considera que si bien se basan en análisis objetivos hechos por profesionales, no es una recomendación para comprar, vender o mantener instrumentos. “No es un aval o garantía de una inversión, emisión o su emisor; tal y como se consigna en cada uno de los reportes que otorga la entidad calificadora”, añade Barquero.

Sin embargo, las puntuaciones que ofrecen estas empresas son tomadas en cuenta por casi todos los inversionistas. “Una buena calificación da acceso al financiamiento en los mercados internacionales en mejores condiciones de plazo y tasas que los fondos locales. Una mala calificación normalmente incide en dificultades de acceso o al menos en un encarecimiento de las fuentes de financiamiento. Para el sector privado, los techos de las calificaciones de sus países también son importantes, pues los bancos internacionales definen sus límites de crédito y condiciones de plazo y tasas en función de las calificaciones no solo propias de las empresas deudoras, sino de sus países”, dice Gerardo Corrales, gerente general de BAC San José.

Estos informes se pueden definir como la referencia global que siguen los inversionistas, los bancos y las autoridades para medir la capacidad de pago, las situaciones económicas de los países y sus perspectivas futuras. Estas mismas características son las que influyen para que el mundo prácticamente tiemble cuando hay una rebaja en una calificación, en especial de las potencias económicas.

El gerente de SCRiesgo considera que la importancia de sus informes radica en que pueden confirmar percepciones que tiene otros actores del mercado. En el caso de Estados Unidos, la inestabilidad en los mercados ya se evidenciaba por la tímida recuperación en el periodo postcrisis.

Reputación en entredicho

Como sus calificaciones reflejan la reputación económica de los países o de las empresas, de la misma forma la credibilidad de las calificadoras es producto de su reputación, tal y como lo indica Arnoldo Camacho.

Si bien son independientes, las calificadoras de riesgo son entidades altamente reguladas por las autoridades supervisoras del mercado de capitales. Están sujetas a políticas de gobierno corporativo, confidencialidad, inscripción de metodologías y requerimientos de capital, entre otros requisitos. “La credibilidad de las calificaciones dependerá de la rigurosidad técnica, independencia de criterio, calidad de supervisión, metodología de análisis y ausencia de conflictos de interés con participantes del mercado”, explica Gary Barquero.

Pero en algunos casos la supervisión parece no ser suficiente. Las dudas sobre la fiabilidad de las agencias calificadoras (S&P, Moody's y Fitch) empezaron a manifestarse con el colapso de Enron a finales de 2001. Pero quedaron en letargo durante la época posterior de vacas gordas. No solo no fueron capaces de ver lo que ocurría con las cuentas, sino que cuando reaccionaron fue tarde.

De acuerdo a un reportaje del diario español El País, para muchos analistas, las agencias de calificación principales tienen alguna cuota de responsabilidad en la crisis financiera. En su expediente tienen el sobresaliente que concedieron a Bear Stearns, Lehman Brothers, AIG y a los paquetes de inversión estructurados con hipotecas basura. Y con el descalabro que no anticiparon, su credibilidad quedó en entredicho.

No solo sus modelos fueron incapaces de anticipar el terremoto financiero, sino que su trabajo estuvo dominado por conflictos de intereses. La investigación de la crisis que hizo el Congreso de Estados Unidos reveló que los ejecutivos ponían su relación con los bancos por delante del interés del inversor en bonos. Así preservaban su cuota de negocio a la vez que concedían la AAA a valores de deuda hipotecaria a cambio de suculentas comisiones. Sin la nota más alta, esos bonos no habrían llegado al mercado. Eso alimentó la burbuja inmobiliaria causante de la crisis de 2008-2009.

Este tipo de situaciones influyen para investigaciones en ambos lados del Atlántico. Europa trabaja en crear un organismo europeo con algún tipo de supervisión pública para escapar del monopolio que ejercen estas empresas.

Los recientes acontecimientos indican que las calificaciones son una referencia pero no sustituyen el análisis a fondo del emisor. Gerardo Corrales, del BAC, considera que son informes creíbles, pero que en el caso específico del rebajo de la deuda estadounidense, no afectará a lo norteamericanos en demasía en cuando a sus posibilidades futuras de endeudamiento, aunque si eventualmente a sus costos.

Por otro lado, la “mala nota” de Estados Unidos se trata de la opinión de una sola calificadora. Algunos analistas consideran que se necesitan más informes para se presenten consecuencias mayores.

“La baja de la calificación a mediano plazo otorgada recientemente por una calificadora no se esperaría que derive en un incremento en las tasas de interés, dado que se estila tomar decisiones de inversión cuando la calificación sea reducida por al menos dos calificadoras de riesgo, además de momento no existe instrumentos financieros donde “ refugiarse” que ofrezcan la profundidad y la estabilidad tienen los bonos de Estados Unidos”, puntualiza con optimismo Gary Barquero, de SCRiesgo.

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