Cataratas de Iguazú: Maravilla del mundo natural

Cataratas de Iguazú: Maravilla del mundo natural

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Fuente: Por David Sendra Domènech Miércoles, 22 de Septiembre de 2010 12:13

Las Cataratas de Iguazú son un ejemplo admirable del poder de la naturaleza, enclavadas en un mundo selvático y mitológico


Hay que remontarse 200.000 años atrás para descubrir los orígenes de las Cataratas de Iguazú: una falla geológica en el cauce del río, que las ha convertido en un verdadero espectáculo de la naturaleza, enclavado en el cruce del poderoso río Paraná y el Iguazú. Situadas entre Brasil y Argentina, las Cataratas poseen una leyenda propia.

Dicen los guaraníes, habitantes originales de la zona, que en el río Iguazú vivía la serpiente Boi, a quien ofrecían una doncella en sacrificio. Pero, un día, Tarobá, líder tribal, se enamoró de Naipí, la doncella que iban a lanzar al río. Para salvarla, la llevó río abajo en canoa. Boi, enfurecida, separó el río con su cuerpo, creando las Cataratas, y los capturó, convirtiendo a Tarobá en los árboles que hoy pueden admirarse en la cima de las cataratas, y a Naipí en los saltos de agua. Después, Boi se sumergió en la Garganta del Diablo, de ahí la ferocidad de sus aguas. Y como toda leyenda, hay un final medio feliz. En este caso, el arco iris, que es cuando Naipí se une a su enamorado, Tarobá, agua y árbol.

Sea como sea, las Cataratas de Iguazú son un ejemplo admirable del poder de la naturaleza, enclavadas en un mundo selvático, mitológico. Este remanso de paz es, sin duda, un lugar que debe visitarse, contemplarse con calma, sin prisas. Un espacio que fue protegido durante miles de años y que, hoy día, sigue estando protegido de la depredación que destruye los recursos naturales.

Pero para admirar la riqueza de las Cataratas, los 80 metros de altura de la Garganta del Diablo, cuya violenta caída produce una niebla permanente, sólo perturbada por constantes arco iris dobles y triples, y sus hasta 260 saltos o, lo que es lo mismo, 1.500 metros cúbicos de agua por segundo, es indispensable despertar temprano y degustar un excelente y completo desayuno, porque por delante espera un día repleto de aventuras ininterrumpidas y de descubrimientos que nos dejarán con la boca abierta.

Empezar bien el día

Y como hablamos de naturaleza y agua, ¿por qué no mencionar el Hotel Iguazú Grand?, único en su tipo, un lujo a pocos kilómetros de las Cataratas, rodeado por un jardín verde, donde no falta el agua. Tras una rápida ducha para despertar, hay que desayunar de forma potente, con un café para abrir los ojos definitivamente. Ahora sí, preparados para iniciar la aventura de las Cataratas. Pero empieza de forma fácil: un coche espera a la puerta del hotel (uno de tantos servicios que ofrecen) para dejarte, tras un agradable paseo por carreteras bien asfaltadas y franqueadas por la selva, en la puerta del Parque Nacional argentino.

Hay múltiples actividades que pueden desarrollarse, por eso hay que elegir bien qué hacer y con quién. De la mano de Iguazú Jungle, el recorrido empieza por el sendero Yacaratiá. A bordo de un camión todo terreno, nos adentramos en un camino de tierra que cruza por la selva hasta llegar a Puerto Macuco. En esos kilómetros ya se respira la pureza del aire, el frescor de la selva y se puede, si uno fija bien la vista, ver algo de la fauna y flora. Aunque, no hay que preocuparse si nada más empezar uno no ve alguna de las 2.000 especies de flora, 450 especies de aves o las 80 de mamíferos. Frondosos helechos, palmeras y poderosos árboles que parecen tocar la Luna. Un escenario de enorme belleza y diversidad biológica, Patrimonio Mundial Natural de la Humanidad por la unesco. La mayoría de los animales que habitan Iguazú se dejan ver con facilidad: coatíes, yacarés, tortugas o bellas mariposas, así como los vencejos, lanzándose en picado bajo los saltos, donde esconden sus nidos.

Llegados al Puerto Macuco, espera una lancha bimotor que se adentra en el río Iguazú, a través de los rápidos que van zarandeándola, para llegar a algunos de los saltos. El viaje merece la pena pero, aviso a los navegantes, si el piloto dice que escondas tu cámara de fotos, ¡hazlo!, porque la sensación bajo los saltos es que alguien te lanzó cinco cubos de agua al mismo tiempo. Ese contacto con el poder de las aguas es algo indescriptible. Tras ese remojo, que secará con el calor del día, el siguiente paso es visitar los saltos desde abajo, es decir, recorrer el circuito inferior y sentir el espíritu de la selva, el sonido del silencio y del agua abocarse al río. Después, ya se está preparado para ver las Cataratas desde arriba, poco menos de un kilómetro de caminata que permite ver los saltos en el inicio de su caída, capturando las imágenes para el recuerdo. Es ahora cuando uno comienza a sentir la fuerza del agua. Y si bien hay 260 saltos, destaco el Bossetti, al que podemos aproximarnos hasta el punto de sentir el agua en nuestra cara, al tiempo que flota el arco iris permanente.

A esas alturas, el estómago estará pidiendo a gritos comida. Sin salir del parque hay varias opciones a elegir entre la oferta que hay en la plaza de alimentación próxima a la Estación Central de Cataratas. Repuesta la energía, aún quedan tres visitas más: el Tren de la Selva, la Garganta del Diablo y el Paseo Ecológico. El primero, al que recomiendo llegar con tiempo, para evitar aglomeraciones, con su lento traqueteo impulsado a gas, nos lleva al inicio de la pasarela que va a la Garganta. A su paso va levantando nubes de mariposas de mil colores, dejando a la izquierda el lento transcurrir del río.

Paseos por la naturaleza

A la Garganta del Diablo se llega tras caminar unos dos kilómetros por una pasarela. Eso permite ir viendo el entorno, cruzar el río y convencerse de la grandiosidad del lugar. Escasos metros antes de llegar, ya se escucha el rugido del agua al caer y se ve la brecha por donde se aboca el agua con furia. El espacio queda dominado por el sonido del agua, por la permanente nube de vapor de agua que acaba por volver a mojar al visitante. Merece la pena asomarse a los miradores, ver a lado y lado, en silencio, solamente dejarse llevar por las sensaciones. Sin duda, es una visita única.

Con el recuerdo de lo vivido, hay que deshacer el camino y llegar al comienzo de la pasarela. A la izquierda nos esperan unos chalecos salvavidas y una balsa de remos: es otro de los Paseos que ofrece Iguazú Jungle. Hay que descender por aguas calmas, acompañados del silencio de la naturaleza, admirando la flora y fauna del lugar. A golpe de remo, nos aproximamos a un yacaré que, con sus ojos abiertos, debe estar pensando quiénes son esos que perturban su sueño. Tras media hora de recorrido, sin prisa, llegamos al punto de inicio. Sólo queda salir del parque y regresar al hotel. Mientras nos alejamos, queda una sensación extraña, se deja atrás un mundo único, se vuelve a la época de la modernidad, con sus pros y sus contras.

La noche llega. Tras un relajante baño en el jacuzzi de la habitación para recuperar fuerzas, nada mejor que ir a cenar al Doña Flor del Panoramic Hotel, con el idílico escenario del encuentro del río Iguazú con el Paraná. Y como la noche es joven, ¿por qué no probar suerte en el famoso Casino del Iguazú Grand?, quién sabe, quizá la aventura aún no haya finalizado.

Dónde dormir

Panoramic Hotel Iguazú

www.panoramic-hoteliguazu.com

Iguazú Grand

www.iguazugrand.com

Web del Parque Nacional Iguazú Argentina: www.iguazuargentina.com

Concesionaria para los Paseos: Iguazú Jungla (www.iguazujungle.com)

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