Fernando Figueroa, a sus 24 años, hizo historia al ser el primer golfista salvadoreño en jugar en el abierto de Estados Unidos 2008.
Corría 1994. Hacía cuatro años que el niño había comenzado a practicar el juego del césped. Un accidente en una piscina del Círculo Deportivo lo había movido a aguas menos peligrosas: las del golf. Con su atuendo, propio de este juego de “caballeros”, Fernando Figueroa comenzó a competir internacionalmente sin saber que esa primera competición infantil sería el augurio de lo que para 2008 lo convertiría en un ícono nacional.
Es el menor de cuatro hermanos y viene de una familia de deportistas: su hermano mayor, Roberto Figueroa, fue campeón nacional de natación en pecho en 1980. Y sus hermanas jugaron al fútbol en la Escuela Americana. El gusto por el golf nació de la mano de su padre, Héctor Figueroa, a quien acompañaba al Club Campestre. Y mientras lo practicaban, compartían tiempo juntos.
El padre recuerda que Fernando empezó a invertir más tiempo cuando el director de la Academia de Golf en Florida le preguntó qué quería ser como golfista: “‘¿Campeón del club? ¿Campeón de la región? o ¿Estar entre los mejores golfistas del mundo?’ Él respondió que quería estar entre los mejores del mundo en la categoría juvenil”.
La suerte estaba echada. A sus doce años, comenzó a viajar cuatro veces al año, durante las vacaciones estudiantiles, a la Academia de Golf para entrenar como los grandes. Aunque nunca imaginó que dejaría de ser amateur. “Ni a los quince años me imaginé jugar como profesional. Era como cualquier fanático, veíamos los torneos”, recuerda Fernando, nueve días después de haber sido el primer salvadoreño y primer centroamericano en jugar en el Abierto de Estados Unidos de Golf (US Open). Este es uno de los torneos masculinos más importantes del mundo, que es organizado por la United Status Golf Association cada junio.
El “pájaro”
El chiquillo no solo practicaba el golf. El fútbol, el deporte de las masas, como prefiere llamarlo su padre, era del gusto de Fernando. Y su jugador favorito era Norberto, el pájaro Hueso”. A este lo conoció cuando sus padres le celebraban el cumpleaños. Invitar al famoso futbolista de las canchas salvadoreñas fue el regalo sorpresa que su madre, Ana Margarita Mayorga de Figueroa, le dio. Mientras Fernando y sus compañeritos de estudio de la bilingüe Escuela Americana jugaban al fútbol en el parque Altamira, el pájaro Hueso apareció en la cancha.
La algarabía de los pequeños se apoderó del lugar, el jugador no llegó con las manos vacías. Obsequió a Fernando una camiseta con la que había jugado en la selección salvadoreña, y comenzó a correr por la cancha con los pequeños.
De allí su apodo “pájaro” o “pajarito”. Ese que le ha acompañado en los juegos patrocinados por las marcas Polo, Rolex, Orange Ball y Western. Y que en su traducción al inglés “bird” le viene bien en los campos de golf.
La vida cosmopolita que inició a los diez años no fue fácil. El compromiso con sus padres, quienes se turnaban para acompañarlo a los torneos, era sacar buenas notas para ir a los torneos. Uno de sus grandes logros vino a los catorce años cuando ganó el campeonato centroamericano sin ser favorito. Así estudiar y jugar golf fueron su doble banderillazo de salida para el logro de sus éxitos.
A los 17 años se mudó un año a la Academia de David Ledbetter en Bradenton, Tampa, una escuela dirigida por IMG que se especializa en golf. Allí, interactuaba con personalidades como María Sharapova, quien se convirtió en un prodigio bajo la tutela del legendario entrenador Nick Bollettieri en otra escuela dirigida por la IMG. Figueroa también conoció a golfistas como Paula Creamer y muchos otros personajes.
Antes de ser jugador profesional, estudió en la Universidad Chapel Hill de North Carolina. Recibió una beca para jugar para los Tar Heels, y durante el otoño de 2005, compitió en el Adams Cup de Newport y en el VCU/Mattaponi Springs Shootout, donde terminó en las posiciones 40 y 53 respectivamente. Para 2006, arrancó su carrera como jugador profesional.
Adaptación revistasumma.com, el texto completo se encuentra en la revista impresa
Fernando Figueroa, a sus 24 años, hizo historia al ser el primer golfista salvadoreño en jugar en el abierto de Estados Unidos 2008.