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Energia positiva
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Por Leonardo Coca
Publicado el 09/29/2008
 

“Me cortaron el ombligo en Los Ángeles, en Estados Unidos; sin embargo, mi infancia transcurrió entre Nicaragua y México, porque mi papá trabajaba como oficial de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Edición 171


Energía positiva

Entrevista: Leonardo Coca, corresponsal Nicaragua
Fotografías: Miguel Álvarez

Las compañías del nicaragüense César Zamora Hinojos, empresario y ejecutivo del sector energético, aportan un tercio de la energía que demanda el país.

“Me cortaron el ombligo en Los Ángeles, en Estados Unidos; sin embargo, mi infancia transcurrió entre Nicaragua y México, porque mi papá trabajaba como oficial de la Organización de Naciones Unidas (ONU), pero añoraba mucho Nicaragua y todas las vacaciones nos regresábamos a esta tierra”, rememora César Zamora Hinojos.

Sus padres, el nicaragüense Oscar Zamora y la mexicana Silvia Hinojos, se conocieron hace más de cuatro décadas. César es el segundo hijo de cuatro hermanos Oscar, Adriana y Roger. Nació el 24 de julio de 1962 y hoy es uno de los principales empresarios de la industria eléctrica de Nicaragua: administra Tipitapa Power Company (TPC) y la Empresa Energética de Corinto (EEC); ambas son propiedad de la multinacional estadounidense AEI y generan 120 megavatios de electricidad, el 30% de la demanda energética del país. Conforme estas generadoras se han integrado de pleno, su paticipación ha sido decisiva para paliar en buena parte una crisis energética que data de hace varios años, cuyos apagones generan severas pérdidas a la industria y el comercio.

Siendo aún niño, Zamora dio sus primeros pasos de la mano de su abuelo paterno Alejandro Zamora Roca, cuando empezó “desde abajo” a conocer el funcionamiento de una pequeña curtidora de cueros en Condega, poblado ubicado en la zona montañosa del centro-norte. Habla muy poco sobre su vida familiar, es muy recatado y parsimonioso, pero cuando se trata de los temas energéticos y empresariales se apasiona y es difícil detenerlo.

Se le considera uno de los expertos nacionales en energía. Además preside la Cámara de Comercio Americana (Amcham), uno de los gremios empresariales más influyentes. En la región, AEI participa en los negocios de generación y distribución de energía. Sus mayores operaciones figuran en Guatemala y Nicaragua, ambos producen 354 megavatios de energía a base de búnker. En entrevista con Summa, Zamora comenta sobre su visión acerca de tan relevante sector.

¿Cuándo era niño soñó con ser empresario de la energía?
De niño soñé con ser futbolista, cantante, hippie, poeta… soñé con ser muchas cosas, menos empresario de la energía, pero es un tema que me gusta, me apasiona.

¿Cómo fueron sus primeros pasos en el mundo empresarial?
Durante mi infancia trabajé en la tenería de mi abuelo Alejandro Zamora, en Condega, y aprendí el valor del trabajo. Luego la experiencia fue más formal cuando estábamos de vacaciones en Managua y nos sorprendió el terremoto (ocurrido a la medianoche del 23 de diciembre de 1972). Debimos quedarnos durante seis meses en la ciudad y a los once años de edad empecé a estudiar y, por las tardes, a trabajar en una ferretería.

¿Qué hace diferente a AEI de otras multinacionales?
Potenciar los recursos en países con economías emergentes; por eso AEI tiene mucho que aportar y está comprometida con el desarrollo de sus sociedades. Es verdaderamente internacional; está basada en Houston, pero con activos en todo el mundo. Desde 1993, en Guatemala con Puerto Quetzal Power, genera 234 megavatios, a base de búnker, y opera la planta de carbón Jaguar. En El Salvador, desde 1996, distribuye energía a 299.000 clientes con Delsur, con una red de 6.497 kilómetros. En Nicaragua Empresa Energética de Corinto (EEC) y Tipitapa Power Company (TPC), desde hace ocho años, aportan 120 megavatios; generan un tercio de la energía que demanda el país. En Panamá cuenta con Electra, que atiende a 328.000 clientes de electricidad y una red de 8.384 kilómetros.

¿Cuál sería la clave para superar la crisis energética de la región?
La región centroamericana carece de recursos propios para impulsar la generación de electricidad barata. No tenemos hidrocarburos, carbón, ni gas natural; éstos últimos son recursos relativamente baratos. Tenemos bastante agua para generar hidroelectricidad, pero sólo resuelve el problema durante los seis meses que dura el invierno. También tenemos planicies privilegiadas con vientos, pero desgraciadamente por sus características técnicas la energía eólica sólo puede aportar un máximo de 5%.

¿Qué pasa con Nicaragua?
Nicaragua tiene un gran potencial para generar energía geotérmica, porque su gran activo es la cadena de volcanes en la región del litoral Pacífico, lamentablemente no hay disponibilidad de recursos financieros para desarrollar esos proyectos. El otro gran recurso que hemos dilapidado es la leña, porque aunque parezca barato generar energía así, a largo plazo tiene un costo ambiental muy alto. En estas circunstancias, el país requiere un marco regulador para que venga inversión energética y se requiere de un entorno empresarial adecuado para que las inversiones, que son de largo plazo, tengan seguridad y estabilidad. Al país le urge la reconversión energética. En Nicaragua no pudo hacerse hace veinte años, por el conflicto bélico, pero Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica lo hicieron: invirtieron en generación hidroeléctrica de mediano alcance (generadoras de 200-300 megavatios), que ahora es la base del desarrollo de esos países. Nicaragua todavía genera electricidad a partir de búnker, cuyo costo ha rebasado toda previsión.

¿Cuál ha sido su mejor momento profesional y cuál el más difícil?
Cuando todo el mundo atacaba a la compañía distribuidora, Unión Fenosa, Empresa Energética Corinto salió a la defensa porque era lo correcto, aunque no era lo más popular. Creemos que esa decisión ayudó a poner los problemas estructurales en la agenda económica nacional en un ambiente donde el ente regulador, el Instituto Nicaragüense de Energía, había politizado los temas energéticos, por lo que tuvimos que confrontarlo. Tampoco fue lo más popular; fue una decisión arriesgada, pero el tiempo nos ha dicho que fue la correcta. En esos momentos, otras generadoras se sumaron al esfuerzo de buscar soluciones a los problemas estructurales, aunque algunos sólo estaban preocupados por recibir su pago a tiempo. Empresa Energética Corinto nunca ha parado su generación por falta de pago en sus nueve años de operación y esto se debe a un diálogo de respeto con la compañía distribuidora y con el gobierno.

Esos momentos tan difíciles fueron de mucha presión pero también de satisfacción profesional, porque unos apostaban a sacar a Unión Fenosa, mientras que Empresa Energética Corinto apostó a que se quedara. Era la solución más sensata para nosotros y Nicaragua.