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Publicado  09/6/2008 | Portada | Calificación:
Inquieto promotor

Entrevista: Vanessa Barahona
Fotografías: José Luis Samayoa

Juan Maegli dirige el diversificado Grupo Tecun, distribuidor de agroquímicos, maquinaria agrícola y para la construcción, así como de automóviles. Cultiva palma africana y exporta  cardamomo, ajonjolí, miel, café y limón deshidratado.

Grupo Tecún lidera la distribución de tractores en el mercado guatemalteco.

El último cacique de los maya-quiché, Tecun Umán, fue vencido por el conquistador español Pedro de Alvarado, no sin antes dar la batalla. Según la leyenda, el guerrero logró matar el corcel del conquistador, quien a su vez truncó la vida del indígena declarado héroe nacional guatemalteco en 1960. Su ejemplo y arraigo en el pueblo fueron la inspiración para el nombre de Grupo Tecun, uno de los más diversificados del mercado local.

La tradición empresarial inició con un almacén de abasto en 1880, fundado por el inmigrante suizo Johanes Maegli. Su hijo, Juan Maegli Habistureutinger, continuó su labor por medio de Maegli & Cía., que contaba con almacén y joyería Maegli, así como fincas de café y la distribución de automóviles. Falleció en 1954, año en el cual el nieto, Juan U. Maegli Müller, estableció el Servicio de Protección Agrícola Maegli y desplegó la diversidad del grupo que preside. El “inquieto” empresario, como él mismo lo reconoce, es amante de su país y ha sido capaz de hacer germinar negocios donde otros todavía no habían llegado.
El Grupo Tecun lo integran cuatro divisiones: Grupo Tecun Comercial, con varias empresas operativas en Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica. Distribuye agroquímicos, así como maquinaria agrícola, industrial y de construcción. Grupo Tecun Automóviles incluye seis empresas que distribuyen la marca japonesa Mazda, la coreana Hyundai, la francesa Peugeot y varias marcas chinas. Grupo Tecun Exportación cuenta con cuatro empresas procesadoras y exportadoras de cardamomo, ajonjolí, miel y otras especias, así como una descortezadora de ajonjolí en Venezuela. Grupo Tecun Agroindustrial cuenta con plantaciones de caña y una de hule. Tiene participación mayoritaria en la siembra de palma africana de aceite refinado, que comercializa en Guatemala y El Salvador. En total, su nómina de empleados permanentes asciende a 1.300 y a 800 los trabajadores agrícolas temporales.

Don Juan, a quien llaman “Don Juanito”, nació en 1928 en Ciudad de Guatemala, sus padres fueron Juan Maegli Habisreutinger y Gertrudis Müller de Maegli. Estudió su primaria en el Colegio Alemán y la secundaria en el Colegio La Preparatoria. A los 17 años fue aceptado en Harvard College, en Cambridge, Massachussets, graduándose Cum Laude en economía, en 1950, año en el que ingresó al Harvard Business School en Boston.

En entrevista con Summa detalla cómo ha sido la trayectoria en la que no han faltado los riesgos y que, con la satisfacción que dan los años, afirma “se logró salir adelante”.
La compañía cuenta con 1.300 empleados permanentes y 800 temporales.

Su familia proviene de Suiza.
Mi abuelo llegó de Suiza en 1875. Se dedicó al café y estableció el primer almacén Maegli en el departamento de Quetzaltenango. Mi abuela paterna también era suiza. Mi papá, Juan Miguel Maegli, nació en Guatemala, pero se educó en Suiza, Alemania e Inglaterra. Mi mamá era alemana. Mi hermana Hanelore, mayor que yo cuatro años, murió hace treinta años. Se casó y vivió en Estados Unidos. Tengo una sobrina.

¿Cómo conoció a su esposa?
¡Saliendo de una ventana! Ella es de la familia Novella, de Cementos Progreso, una de las cementeras más antiguas de Latinoamérica. Estando en una fiesta en la pedrera, vi a una chavita bonita que andaba con una falda larga y ancha, como no podía pasar por los pasillos se salió por una ventana, cerca de la cual estaba yo. Nos casamos y tenemos siete hijos: dos hombres y cinco mujeres, la mayor de 52 años. Ya tenemos 18 nietos, el mayor de 22 años.

¿Qué vendía el primer almacén que fundó su abuelo?
Era un almacén general,  desde ropa hasta una sección de joyería, y que ha perdurado como Almacenes Magno Mercantil y Joyerías Glime. Sin embargo, mi abuelo se tuvo que regresar a Hamburgo, en Alemania, estuvo muy enfermo, murió en 1913. Con la segunda guerra mundial se perdió la mayoría del capital, por la hiperinflación en Alemania. A mi papá le tocó recoger los pedazos de lo que quedaba y empezar nuevos negocios. En 1932 le ofrecieron la distribución de los automóviles Ford, que llegó a ser la agencia más grande de Guatemala. Para asistirlo contrató a tres suizos de apellidos Fischer, Faeh y Waelti.

¿Cómo los afectó la segunda guerra mundial?
Por tener mis padres buenas amistades con alemanes residentes en Guatemala, la embajada de Estados Unidos puso a Maegli y Cía. en la lista negra, los acusaban de simpatizar con el nazismo de Hitler. Al probar que él no asistió a una celebración por la caída de París, y que me había sacado del Colegio Alemán un año antes de que lo clausuraran, a los tres meses mi papá logró sacar a Maegli & Cía. de la lista negra. Sin embargo, en precaución, mi papá había transferido el 85% de sus bienes a nombre de dos socios suizos, quienes tuvieron el descaro de no devolver el capital. Lo mismo pasó con algunas familias de ascendencia alemana. Después de la segunda guerra mundial y hasta su muerte, en 1954, mi padre se dedicó a distribuir los autos Plymouth y De Soto, de la Chrysler. Asistido por mi mamá y un socio regeneraron los Almacenes y Joyerías Maegli. Por prudencia anti-guerrillas, a final de 1979 rebauticé ambas empresas como Almacenes Magno y Joyerías Glime.

¿Y cómo llegó usted a estudiar a Harvard College, en Estados Unidos?
Me aceptaron sin ningún examen, tenía casi 17 años. Había varios guatemaltecos allá, como unos doce, y mi currículum era bueno. Fui a estudiar inglés y economía financiera y agrícola. Algunos estudiantes bostonianos despectivamente me llamaban ‘spik’, de ‘I don’t speak’. Hice bastantes amigos y hasta me eligieron presidente del Lowell House Committee, a cargo del dormitorio de 550 estudiantes; la mayoría veteranos, cuatro o cinco años mayor que yo. Los latinoamericanos siempre tratan de hacer su rancho aparte y a algunos yo les caía mal porque me relacionaba demasiado con los americanos; mi actitud era otra, ya que pensaba: “Mis papás me mandaron a estudiar inglés y la cultura americana”. Era un poquito inquieto y hasta pude aplicar en Harvard Business School. Me aceptaron incluso en contra de sus propias políticas, pues era requisito tener tres o cuatro años de experiencia laboral.

Pero ya pensaba en sus negocios.
Hice un trato con mi papá, me iba al Business School si me financiaba la compra de una finca para sembrar algodón, el petróleo blanco de esa época. Él me propuso: “Mejor andate y te financio un viaje de mochilero a Europa”. Eso fue en febrero del 45 y hasta septiembre paseé con mi mochila al hombro. Lo que gasté fueron US$1.800. ¡Si veía a alguien interesante, le hablaba y me terminaba invitando a la casa! Visité un montón de industrias, como una que hacía sacos de kenaf, el equivalente al yute, y otra de plywood. Aproveché bastante. Finalmente, logré comprar las dos terceras partes de una finca. Estuve un año en la universidad. ¡Pensaba que lo sabía todo y que no necesitaba estudiar más!

Al aplicar en el Business School nos preguntaban: “¿Usted qué puede hacer por el Business School?” En cambio yo me preguntaba: ¿qué puede hacer el Business School por mi cultura? El programa era de dos años, pero el segundo año era para conocer más sobre el comercio y las industrias de Estados Unidos, no aplicaba mucho para mí. Además, en el primer año es cuando dan la sacudida de lo que es el punto de partida para muchas cosas. Ya casi voy a cumplir 80 años y todavía aplico constantemente lo que aprendí, por ejemplo, que no hay un comportamiento típico, ni se debe opinar de forma general, sin cifras y hechos comprobables. Aún asisto a las reuniones de  mi clase en Harvard cada cinco años y cultivo mis antiguas amistades.

¿Usted sigue en plena actividad, lleva el día a día del negocio?
Sí. Aquí tengo colaboradores que tienen hasta cincuenta años de trabajar con nosotros. Ya no vengo a las ocho de la mañana, sino que generalmente llego a las nueve y media o diez y me voy ya tarde.

¿En qué áreas se enfoca?
Depende de las áreas que arden. En Tecun mi hijo Juan Estuardo, como vicepresidente ejecutivo, es responsable de Tecun Comercial y Tecun Agroindustrial, pero en automóviles tengo mucho que ver porque ahorita se está restringiendo el mercado. Para Guatemala, las principales representaciones de Tecun Comercial son: Dow-Agrosciences, Basf y Monsanto, en agroquímicos; Case, Terrex, Sándvik, Dynapac, McNeilus, Putzmeister y Dinapac, en maquinaria de construcción; tractores Case IH, en maquinaria agrícola; buses y camiones Volvo, en transporte; Linsay y Wade Rain, en riego; motores Perkins, montacargas Toyota; Racks Aguiva, en sistemas y motosierras Husqvarna, en maquinaria agroindustrial.

Su pasión ha sido la agricultura.
Siempre tuve debilidad o pasión por la agricultura. Después de solventar mis problemas financieros al vender la finca de Guzacapán, en el 58 compré al crédito tierras de reserva que vendía a buen precio la Unit Fruit Company, en la costa baja de Escuintla. Desafortunadamente no me informaron a tiempo de que esas tierras supuestamente estaban arrendadas de forma parcial, en realidad invadidas por campesinos indoctrinados por la reforma agraria del gobierno de Arbenz. Algunos me decían: “¿Qué viene a hacer aquí este gringo? Pero si yo soy tan guatemalteco y agricultor como ustedes, les respondía”. Después de repetidas amenazas de muerte, aprendí a negociar con sus líderes, les di el 50% del área para que ellos pudieran cobrar renta de los milperos indígenas por un año. Al mismo tiempo solté toros y novillas Brahma entre sus ranchos para desincentivar sus ambiciones de permanencia. Le puse de nombre Finca Confianza, por haber sido la base de mi lucha para lograr posesionarme y hacerla productiva. Me tomó dos años completar el descombro, la mecanización y así poder sembrar algodón.

Su mayor satisfacción.

Contribuir con la productividad e industrialización de Guatemala.

*Adaptación revistasumma.com, el texto completo se encuentra en la revista impresa


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