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Publicado
03/6/2008
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Negociante emprendedor |
Textos: Vanessa Barahona Fotografías: David Nin
En República Dominicana deslumbra un paraíso inmobiliario y turístico de lujo: Cap Cana, cuyo despegue está en manos del empresario local Ricardo Hazoury Toral.
Dos años tomó la construcción de la Marina, la primera etapa se inauguró en abril del año pasado.
El límite entre la playa y el mar se confunde en la cada vez más famosa y espectacular costa caribeña dominicana. Cuatro hermanos (fieras de los negocios, como se llaman en la familia), se han aliado para promocionar este majestuoso paraíso premium de clase mundial.
La cara de la empresa es Ricardo Hazoury Toral. Con su don de gentes, amena conversación y dinamismo, rápidamente transmite las maravillas concebidas por el Grupo Abrisa, uno de los líderes en República Dominicana, y que participa en diferentes sectores de la vida social y económica.
¿Cuáles son las raíces de su familia? Como una gran mayoría de latinos, venimos de inmigrantes; una historia como la de tantos en América de la que se podría hacer un libro. Mis abuelos llegaron a Barahona, uno de nuestros departamentos, y ahí se conocieron mis padres: Jorge Abraham Hazoury, de ascendencia libanesa, quien murió en 2004 a los 81 años, y Mercedes Toral de Hazoury, Micky, ahora con setenta años.
Mi padre estudió en España, fue médico y el primer endocrinólogo del país. Fundó el Hospital de la Diabetes y la Universidad Iberoamericana (sus dos grandes empresas), dedicó su vida a ayudar al prójimo y nos transmitió esa forma de ser.
¿Cuál sería su definición de Cap Cana? Es una respuesta al desarrollo turístico de República Dominicana. Desde los años 70 el país había tratado de entrar en el mercado turístico y lo logró con grandes hombres y proyectos que tomaron la iniciativa en esos años, como los grupos Punta Cana y Casa de Campo; Barceló, la primera inversión española que incluso tomó muchos riesgos, y Club Med, de origen francés.
Entre los años 90 y 95 el país se establece como un destino turístico en el mundo: Punta Cana, Puerto Plata y Samaná empiezan a sonar más. También destaca Santo Domingo, la capital, a partir de 1992, con la preparación para el quinto centenario del descubrimiento de América. En esa época los grandes destinos del Caribe eran Jamaica y Puerto Rico.
Restaurantes gourmet harán de Cap Cana la referencia gastronómica en el Caribe.
¿Cómo surgió una idea de aspiración mundial? Para serte sincero, en el año 98 mi hermano Abraham nos llama a una reunión que creo que es la que da el giro en nuestra manera de pensar como empresarios. Aparte de ser muy ameno, es un visionario; y entonces nos dijo: tenemos que pensar en proyectos grandes, gastamos la misma energía en proyectos pequeños que en cosas mayores, tenemos que empezar a visualizar lo que le sume al grupo y al país. Te lo digo tan sencillo, pero así fue, en un restaurante de Santo Domingo. ¡Y ninguno hablaba inglés! [ríe].
De todos yo era el que tenía más facilidades, no muchas, y tomamos la decisión de irme a vivir unos meses a Estados Unidos. A los 37 o 38 años me mudé con toda mi familia a estudiar inglés a una universidad en Boston, mis compañeros me decían “el abuelo” y yo les llevaba diez años a los profesores. Fueron ocho meses, una experiencia increíble.
Al regreso, como en noviembre, el consejo había decidido suspenderme de mis funciones en la empresa constructora y contrataron a un norteamericano. No tenía trabajo, entre comillas, porque seguía recibiendo mis ingresos. Mis hermanos me dijeron: “Tú tenías diez años en una administración y no eres administrador, nosotros somos empresarios, así que crea algo”. Fue un momento inclusive molesto para mí, hasta me sentí mal con mis hermanos. Me sacaron y no me preguntaron.
Entonces alquilé una oficina de cuarenta metros cuadrados y contraté a una secretaria. No tenía nada que hacer y empecé a buscar qué empresa montar. En marzo les hice una presentación de la oportunidad de Cap Cana. Se tomó la decisión y arrancamos.
Los retos para este año. Penetrar más, aunque tenemos una buena posición en países como España, en el mercado inglés, el francés y el alemán; también vamos a empezar en América Latina. Penetrar un mercado no es fácil: hay que darse a conocer, hacer una publicidad ligera y luego entrar con un producto que sea de interés para ese mercado. También hay que estudiar bien en qué momento entrar. Por ejemplo, ahora mismo en Estados Unidos no vale la pena ser muy agresivos porque el mercado está muy a la defensiva y en cuestionamiento.
Lo que sí vale la pena es dirigirnos a Europa; el euro está más alto y nuestros precios en dólares son una oportunidad increíble para comprar acá. En cuanto a los mercados latinos o centroamericanos se pueden accesar de manera leve, hay que esperar a que se abran más vuelos. El país está invirtiendo mucho en el sector aéreo y en un par de años se podría convertir en un hub en Latinoamérica, con una comunicación muy buena en la región
*Adaptación revistasumma.com, el texto completo se encuentra en la revista impresa.
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